CAPÍTULO 1
Entre la espada y la pared
Mis padres se divorciaron cuando yo tenía 3 años.
A mi padre lo veía una vez cada dos semanas. Lo extrañaba muchísimo. Y él también sufría por no poder verme crecer.
Aunque ya estaban separados, seguían discutiendo. Mi infancia fue de llamadas totalmente tóxicas, juicios y pleitos por mi custodia. Me obligaban a escoger un lado. Me sentía entre la espada y la pared, y todo eso me dejaba hecho polvo: tristeza profunda, dolor… y encima, crecer sin él a mi lado.
CAPÍTULO 2
Los mismos patrones
Después mi padre rehízo su vida con otra mujer. A los 16 años me mudé con él y vi de cerca cómo era su relación: una mujer siempre enojada que buscaba pelea, y amenazas de divorcio una y otra vez. Mi padre vivía una vida terrorífica y, aun así, seguía ahí.
Y cuando yo tuve mi primera relación seria, me pasó casi igual. Las primeras semanas fueron pura felicidad. Pero pronto llegaron los conflictos. Ella se enojaba por todo y yo no entendía nada.
Le pedía paz. Le pedía que fuéramos felices. Le suplicaba que cambiara. Y no tenía ni idea de qué estaba haciendo mal. Hasta que, por suerte, lo nuestro se rompió en mil pedazos.
CAPÍTULO 3
Mi error
Intentaba entenderla desde mi cabeza de hombre. Es el mismo error que comete casi todo hombre que me escribe.
La próxima vez que te entren ganas de escribirle, darle algo o explicarte, espera 24 horas y pregúntate: ¿esto viene de mi valor o de mi miedo a perderla? Si viene del miedo, no lo hagas.
CAPÍTULO 4
Lo que vi pasar con mis amigos
Cuando por fin comprendí a las mujeres, empecé a notar que muchísimos hombres estaban pasando por lo mismo que yo. Incluso mis amigos más cercanos. Y vi pasar cosas increíbles:
- mujeres que parecían tóxicas en la relación transformarse por completo en mujeres amorosas
- hombres que nunca habían tenido pareja conseguir al amor de su vida
- hombres que venían de malas experiencias e infidelidades cambiar totalmente su situación
- mujeres que se habían desenamorado volver a los brazos de su hombre, ya transformado
Parecía ciencia ficción.
CAPÍTULO 5
Mi sueño
Y lo tuve claro: no tiene por qué ser así. Ningún niño debería pasar por eso. Nadie debería vivir con infidelidades ni desamor. La vida es demasiado maravillosa como para que no funcione.
«La casa debería ser un lugar de paz, amor y tranquilidad, no un sitio todavía más tóxico. Y tu pareja, un respaldo y una compañera de vida.»
Por eso lo convertí en mi sueño: ayudar a los hombres a entender a las mujeres. Para que haya más felicidad. Por el bien de los hijos. Por el bien de todos.
Abel